La ética y responsabilidad profesional

 ¿Cómo se define?

Ética y Responsabilidad Profesional

Esta competencia hace referencia a las concepciones éticas y deontológicas, y a las relacionadas con la integridad intelectual. Supone interiorizar que la práctica profesional ha de estar basada en sólidos principios éticos, en el compromiso y en la responsabilidad. Implica aplicar de una manera autónoma y consecuente los elementos esenciales de la profesión, incluyendo los principios éticos, el marco legal y el código deontológico que regula su práctica. Así mismo, la integridad profesional conlleva el compromiso con los estándares de calidad en el trabajo, demostrando honestidad científica, y valorando la responsabilidad individual y colectiva en la consecución de un futuro sostenible.



La ética profesional integra una serie de principios morales y modos de actuar en un ámbito profesional, que consiste, por una parte, en la aplicación de los principios de la ética general y, por otra, en la incorporación de los “bienes propios, metas, valores y hábitos de cada ámbito de actuación profesional” 

En este sentido, atendiendo a la ética general y a las éticas profesionales específicas, Cobo (2003) propone cinco criterios fundamentales de carácter moral que podrían ayudar al alumnado a identificarse como profesional: respetar la dignidad, la libertad, la igualdad, y los derechos humanos de clientes o usuarias del servicio, así como también, de compañeros y colegas y de toda la ciudadanía; proceder siempre conforme a la justicia conmutativa y, en su caso, conforme a la justicia social; proceder con autonomía tanto en el ejercicio profesional como en la ética inherente al mismo; poner las competencias profesionales al servicio del bien a clientes o usuarias; y, actuar siempre con responsabilidad profesional que supone una mejora y una actualización continua, un cuidado de la calidad técnica y humana del servicio y que, responde a las expectativas de la ética cívica sobre su profesión.      

El objetivo que persigue la formación en esta competencia es que el alumnado sepa lo que éticamente es o no correcto en el ejercicio de su profesión, pero, sobre todo, que sepa comportarse éticamente como profesional y como ciudadana y ciudadano (Martinez, Buxarrais y Esteban, 2002).

El alumnado universitario posee, en mayor o menor medida, un sistema básico y estable de opciones morales, pero es necesario seguir desarrollando esta competencia “ayudándole al discernimiento crítico, adecuada jerarquización, sistematización, fundamentación y ampliación de su esquema moral” y, aunque pueda resultar más difícil, “al replanteamiento de alguna de sus convicciones básicas” (Villa y Poblete, 2008, p. 228).

La formación integral de las y los profesionales por parte de la Universidad contribuye a la formación de una ciudadanía que haga buen uso de su profesionalidad, integrando, además de competencias científico-técnicas, una ética que, en sentido amplio, significa hacerse cargo de la dimensión moral del ejercicio profesional (Bolívar, 2005).




Articulo realizado por Sergio Araque



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